Una de las funciones que puede desempeñar un abogado es la de mediador. Cada vez es más habitual que veamos el uso de algún tipo de resolución alternativa de conflictos en vez del viejo recurso a los tribunales. ¿Eres mediador o te relacionas con ellos? Entonces te interesarán los tres estilos de mediación que existen.
En primer lugar está la mediación evaluativa en la que el mediador ayuda a las partes a entender cómo pueden decidir el caso el juez y/o el jurado. Es la más habitual ya que sólo reconociendo las partes las fortalezas y debilidades de sus posiciones se podrá avanzar hacia una solución equitativa, justa y conforme a la ley. Los profesionales más experimentados son los mejores para hacer frente a este tipo de mediaciones ya que cuentan con el conocimiento de cómo se desarrollan estos casos en un tribunal.
En segundo lugar está la mediación de facilitación en la que el mediador trata de ayudar a las partes a analizar y comprender sus opciones en el caso concreto. Habitualmente este trabajo ya lo habrá desarrollado el abogado de cada parte así que será redundante y escasamente útil para acabar evitando la intervención de un juez.
En tercer lugar está la mediación transformadora en la que el objetivo del mediador es tratar de resolver el conflicto y reparar las relaciones rotas entre las partes una vez llegados ya al tribunal. El problema en este caso es que la intervención de un mediador aquí puede que sea ya demasiado tardía para lograr algún resultado puesto que cuando las partes están de acuerdo en solventar sus diferencias ante un juez poco espacio queda para una mediación exitosa.
Lo cierto es que la mediación evaluativa es la única que tiene unas respetables posibilidades de éxito aunque los otros dos estilos pueden ser eficaces en casos concretos. Así, por ejemplo, la mediación de facilitación puede ser útil cuando las partes compartan un objetivo pero discrepen sobre el camino para llegar a él, y la mediación transformadora cuando nos encontremos en casos en los que las relaciones entre las partes sobrevivirán al litigio (por ejemplo un divorcio con hijos) y la reparación de esos lazos familiares sea importante para el desarrollo de la relación de los progenitores en lo sucesivo.



